jeudi
Atravesando mi calendario hay una barra finita con un punto rojo al final que marca las horas. Una fila cada media hora, dos por hora. Las clases están marcadas en bloques azules que indican su duración y la hora a la que empiezan, mientras que los pocos compromisos personales que aún tengo están en violeta. Burbujas cuadradas pero con las esquinas redondeadas. Llevo desde las once y media mirando como baja la barra lentamente, un movimiento tan pequeño que es casi invisible (e igual no lo estoy viendo realmente, y mi cerebro desgastado y resacoso intenta engañarme) y pensando en cómo puedo aprovechar la riqueza de sinónimos que existen en lengua hispana – o inglesa – para comunicarle a alguien, en alguna parte, las ganas de querer pegarme un tiro que llevo encima desde que me he atrevido a abrir los ojos esta mañana.
Aprovecho los pocos minutos de soledad que tengo en el despacho. Disfruto más del espacio cuando no hay una cara (o varias) que me sigue cada gesto. Me levanto, hago fotocopias. La luz que desprende la máquina se refleja en mis gafas y durante una fracción de segundo – como lo que dura el sonido de unas tijeras al cerrarse – me borra todo de la vista, una sensación que apenas recordaba. Me vuelvo a sentar, me abren la puerta y ya no estoy sola.
Luego tenía que escribir un párrafo impresionante con mis observaciones acerca del aprendizaje en general ya que estoy tomando clases de dibujo y si tuviera que describir mi progreso no diría que me va bien, precisamente, pero a estas alturas prefiero no mezclar distintos tipos de arte (escritura/dibujo), especialmente si no controlo bien uno de los elementos, y además la gente que suele dedicarse a eso lo hace básicamente con ánimo de lucro (pintar poesía en cuadros, anyone?). Intentar hacer demasiadas cosas y no hacer bien ninguna. Creo que es un concepto elemental, aunque Stephen Dobyns lo dijo mejor en Pursuit.
No sé cómo han llegado a ser las seis. La barrita está llegando casi al final de la columna azul. Pongo Chemical Brothers para alegrarme la tarde y fuera.
Me parece que hoy me siento tan mal como me veo (a mí misma, o como me ven otros también). Manicura desgastada, cara de un color extraño, el pelo como paja y las gafas sucias. No estoy de humor, para nada, de salir a la calle y ponerme una sonrisa. Quizás me dibujaré una. Mi mano necesita la práctica.