she blinded me with science

Oct 22

esto se me hace infinito

by Chris

Sábado siempre es el peor día. Seis días de estrés y cansancio y trabajo acumulados crean una especie de elixir mortal, como el arsénico, para el cerebro (casi siento que me sale, en gotas espesas e imaginarias, por las orejas y los huecos de los ojos). Han pasado tres horas y media, la mitad de mi jornada hoy, y debería de estar más contenta – la segunda mitad siempre se va volando, o al menos más rápido que la primera – pero no es sólo el trabajo, es un pelín de todo. Llamémoslo una resaca emocional. Felizmente no tengo una resaca física para acompañarla.

Ayer estuve calculando cosas pequeñas en el despacho, intentando buscarle el orden y la ciencia a todo. Calculé la distancia que se mueve el sol dentro de un plazo de tiempo determinado y su velocidad consecuente. Saqué las proporciones de unos cuantos muebles con el ojo, el lápiz, el escalímetro. La falta de sueño es como una presencia constante en estos días, como uno de esos bichos míticos de los cuentos que se colocan en tu hombro derecho y no te dejan en paz hasta que hagas lo que ellos quieran (en mi caso, dormir igual quince horas seguidas sin interrupciones, o quizás más).

No me alcanzan las horas del día para hacer todo. No me alcanzan para hacer nada. Miro mi calendario y todas las personas a las que no consigo meter en horarios y las que están en lista de espera y sus mails constantes, amistosos pero con ese toquecillo de algo que me inspira desesperación. Sé por dónde tengo los huecos libres, me puedo organizar, pero con cada hueco que reservaba para algo mío que sacrifico en el altar del capitalismo pierdo un poco de motivación en cuanto a la vida en general. ¿Es el trabajo más importante que todas las demás partes de mi vida? Pasar hora y media en un parque nuevo y sucio bajo este sol frío y otoñal intentando controlar el temblor de la mano derecha es un lujo total, aunque tenga que volver después al trabajo, y sé que si llenara ese hueco de clases acabaría quemada y de mal humor.

Igual que si empezara la mañana a las ocho y media como el año pasado, semi-dormida y con una nube metafórica espesa y de color gris encima todo el día (y no sólo por el humo). Me pongo en modo infantil por un momento, no quiero, no quiero tener obligaciones con el trabajo todo el tiempo, adoro a mis alumnos pero también tengo derecho a tener una vida digna fuera de mi despacho y no tener que irme siempre temprano porque estoy reventada, ¿no?

Vuelvo a recordar que hoy es sábado (durante un momento lo había olvidado). Una hora, cuarenta y dos minutos faltan para que se me acabe el día. Pero no, no puedo tirarme a la cama y dormir porque tengo Pilates con una amiga, porque tengo que dibujar después y probablemente tomar un montón de café. Espero que haga sol. Igual su calor me descongelará un poquito y volveré a sentirme como persona.

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